Entrevista con Édgar Omar Avilés sobre Efecto vudú

Compartimos la entrevista que publicamos en la edición Letramía Trayectos.

“La fantasía no es un género: es no elegir un género”

Por: Miguel Alejandro Rivera

Édgar Omar Avilés se dedica, entre otras cosas, a escribir. Lo primero que se nota al leer sus textos es una imaginación desbordante que, como no le cabe en la cabeza, debe ser plasmada en las páginas de sus libros.

Le gusta vestirse como un chavorruco: jeans, playera y Converse. También es fan de la cerveza y de meterse en problemas que no son suyos: “Hace unos días, por ejemplo, un tipo estaba empujando a una chava, ofendiéndola. Le dije que se calmara, que la dejara en paz y luego la chica empezó a reclamarme, que no me metiera”.

Cortesía del autor

El nombre de su primer amor fue Gabriela, pero Édgar Omar entiende que el amor es algo que va más allá de la pareja: “hay momentos, historias, familia, espacios, canciones, libros que también fueron mis primeros amores”.

La literatura, como otro de sus grandes amores, ha encontrado un lugar muy especial en su vida. Sin más, ha consolidado alrededor de ella una carrera como escritor.

Efecto vudú, su más reciente publicación, es una fantástica novela que narra la historia de Madamme Garcell y su hijo Ychi, a quien ella misma convierte en una especie de muerto viviente al cometer un error en un hechizo que quería lanzar a otra persona.

Letramía platicó con Édgar Omar para que nos hablara un poco más de esta historia y de su experiencia como escritor. Esto es lo que nos contó:

¿Cómo fue el momento en el que se te ocurrió escribir Efecto vudú?
La semilla fue esta: una noche en la que iba colgado de un camión. Iba tan lleno que yo llevaba la mitad del cuerpo afuera. Desde ese ángulo vi las estrellas y me imaginé que, si se pudieran mover las estrellas, se podría mover el destino de las personas. Así nació la idea del tablero de vudú Cósmico.

¿Qué sentimientos y reflexiones esperas despertar en los lectores cuando leen Efecto vudú?

Asombro ante la vida. Sentir que la imaginación es algo que nos constituye como humanos. Y ganas de leer otros libros como éste.

¿Qué hay detrás de Efecto vudú: investigación, sentimiento, reflexiones…?

Ganas de contarme a mí mismo una historia paralela sobre la evolución de los humanos y, luego, compartirla con otros que la quieran leer. Para eso debe de haber investigación, reflexión, sentimientos, técnica, corregir hasta que todo vaya embonando y reescribir al punto de casi odiar el texto.

¿Cómo se te ocurrió intercalar la historia con las entradillas de cada capítulo y por qué decidiste elegir una estructura que viaja en el tiempo?

Lo de las cuasi-minificciones fue lo último que escribí. Me gustó la idea porque multiplica el mundo de Ychi. Efecto vudú, más que una novela, es una maquinaria ficcional. Un algo intermedio entre novela y cuento, entre ciencia ficción y fantasía. Con las entradillas, ahora es una novela-cuento-minificción.

El tiempo es una cosa tan enigmática. Efecto vudú trata también sobre eso: el tiempo. Por eso la estructura.

Édgar Omar Avilés
Foto de Ilse A. Morales

¿Por qué decidiste ser escritor? ¿Qué sientes al escribir? ¿Para qué y para quiénes escribes?

Empecé jugando a escribir, como a los trece años. En algún punto de mis veinte años, descubrí que quería seguir jugando a eso toda la vida. Y aquí sigo. Cuando escribo, siento que estoy haciendo algo bueno para mi ser.

Voy a decir algo o muy sangrón o muy bobo. Lo digo porque esto ya sólo se les escucha ­—y se les permite decir— a los chicos de dieciséis años que empiezan a escribir poesía. Se supone que a mi edad y tras algunas publicaciones, ya se es lo suficientemente desapegado para hablar con cinismo sobre el oficio de narrar. Pero, bueno: escribo para mí. Es decir, para aquellos que puedan emocionarse con las exploraciones narrativas y temáticas que a mí me emocionan. No sirvo muy bien como “escritor profesional”, en el entendido de maquila literaria. Me deprime esta idea. Esto, claro, hace muy difícil el proceso de publicación de cada uno de mis libros. Sin embargo, creo que es abismal la diferencia entre: a) escribir lo que necesitas escribir para expresar tus mundos y luego buscar quién apueste por ellos; y b) escribir los mundos que otros te dicen que escribas. Aquí eres un empleado y está muy bien ser un empleado; pero si es así, yo prefiero otro tipo de empleos.

Si de todos modos hemos de morir, en lo posible hay que hacer lo que nos apasiona. A mí me complace escribir lo mejor posible, sobre lo que me asombra. No creo en la posteridad, porque no creo en la vida después de la vida. Sin embargo, eso que deje escrito, tras mi muerte, será muy mío, muy propio.

¿Recuerdas el primer texto que escribiste? ¿Cuál era?

Como a los siete u ocho años. Era sobre unos renacuajos marcianos o algo así.  El cuento más antiguo que he publicado se llama Tuániky. Lo escribí a los trece y lo corregí un poco para publicarlo. Está en un libro mío que se llama Embrujadero.

(Sigue leyendo la entrevista y al final encontrarás una sorpresa)

¿Con qué adversidades te has encontrado al ser escritor?

Sobre todo, cuando empiezas, nadie —amigos, familiares, conocidos— cree que esto sea algo que valga la pena. Lo ven como un pasatiempo o una pretensión absurda. Luego, publicar siempre es complicado; difundir tu obra, aún más. Y robarle tiempo a la vida social: trabajo, novia, amigos. También hay que saber lidiar con el ego de tus amigos o conocidos escritores y el horrible ego propio.

¿Qué significa ser un escritor mexicano? ¿Crees que sea diferente en otros países?

Creo que no significa mucho y no es tan diferente hasta donde sé. Hay países que tienen más oportunidades para sus escritores y otros que tienen menos oportunidades: España, Francia y Estados Unidos en el primer caso, Centroamérica en el segundo. España, Francia y Estados Unidos son mejores para publicar, sobre todo fantasía especulativa; se puede ser leído y vivir de ello si se es esforzado. Sin embargo, hay tanta calidad literaria en Europa como en América, África o Asia. Por otro lado, mis temas no son propiamente mexicanos… Sea lo que eso signifique, lo que escribo no está supeditado a la nota periodística de México, ni a su historia. Si hubiera nacido en China, tal vez escribiría parecido.


¿Por qué elegir las letras fantásticas, lejos de la realidad y la verosimilitud?

No las elegí. Es lo que siempre me ha emocionado leer/ver/escuchar. Es más, estoy convencido de que la fantasía no es un género, es no elegir un género narrativo. No elegir coartar posibilidades a la creación. Cuando eliges escribir “realismo”, eliges evitar todas aquellas otras posibilidades: realidades paralelas, sueños, asociaciones insólitas, especulaciones imaginativas, metafísica, caprichos, etcétera, para desarrollar una trama y un personaje, y sólo concentrarte en las posibilidades que constatas del día a día. El reto es que, dentro del mundo imaginativo/fantástico, dentro de sus reglas insólitas, lo que uno escribe sí debe ser verosímil.

Un problema, el pacto ficcional: que el lector se la crea no debería ser ponderado como el mayor mérito de la literatura. Esto ha potenciado una tara estilística y de imaginación en el arte literario y, por ende, en muchos lectores y escritores. Decir que la literatura puede ser arte, ahora, suena a pretensión fanfarrona. La literatura de fantasía como un arte, triste e irónicamente, suena a majadería en el imaginario colectivo.

Cortesía del autor

¿Cuál crees que es la clave para ser un buen escritor?
Tener ética: desplegar un mundo muy personal en tus textos. Corregir hasta el cansancio; no aburrir. Es decir, no puedes pedirle a un lector que lea algo que tú no leerías. Naturalmente, hay que leer tanto como puedas, y estar atento a las sorpresas del mundo.

Édgar Omar Avilés es un sujeto sencillo, siempre dispuesto a dar una respuesta sincera. Mientras el lector recorre estas páginas, quizás él está comiendo unas enchiladas de mole, su platillo favorito. O quizás, en otra realidad, Édgar Omar se encuentra habitando lo más profundo del océano pues, si pudiera ser un animal, sería un tiburón del ártico: “son seres que conocen los misterios abismales del fondo del océano y los enigmas del ártico. Casi no tienen predadores y viven hasta 400 años… Ciegos poco más de 300, pero son unos animalotes”.

¿Recuerdas que a la mitad de la entrevista te hablamos de una sorpresa? Bueno, pues Édgar Omar Avilés te regala el primer cuento que publicó, escrito a sus trece años de edad. Disfrútalo, y no olvides que puedes conseguir también Efecto vudú y otros de sus fantásticos libros.

TUÁNIKY

Édgar Omar Avilés

Tengo una mascota que se llama Tuániky. Él es muy divertido, siempre quiere matar. A mamá no le gusta que platique con él y si lo hago me manda a rezar. Por eso lo tengo bien escondido en el ropero.

Ayer tuve que tomar la pistola de papá y dejar tuerta a mi hermanita. Pobrecita, tan linda, quedó tarada. Dijeron que fue ella misma, pero yo sé que nadie me echó la culpa porque él me cuida.

Apareció un día entre mis sábanas y me enseñó a llamarlo Tuániky.

No sé por qué a papá le molestan los dibujos en mis bracitos, ¿será porque le gasto sus navajas de rasurar?

Anteayer fuimos al parque, luego comimos. Él conoce mucho y me dijo que lo que yo estaba haciendo se llamaba canibalismo. ¡Qué chistosa palabra!

El pelo de Tuániky huele a pipí. Su aliento, a caca.

Ayer mamá lloró mucho; que a papi le fallaron los frenos del coche y murió. Yo le dije que todo estaba bien, que papá ya nunca lloraría por la migraña. Pero no le dije que Tuániky sabe mucho de mecánica. Tampoco le dije que me regaló los ojos de papá como recuerdo, pero no pude resistir y me los comí.

En la noche me invitó a su palacio, pero le dije que yo ya era elhombredelacasa y que no podía dejar sola a mamá y a mi perrito. Por suerte, Drupi amaneció tan tieso como un cartón.

Hace unos minutos me dio unos polvitos que se llaman arsénico y los puse en la sopa de mamá. Me daba tanta lástima verla con los mocos de fuera rezando por papá. ¡Qué divertido!, ya le están dando los primeros retortijones.

Cuando termine de chorrear la gasolina en toda la casa y en mi hermanita, que sólo grita y babea, podré conocer su palacio. Espero que tenga muchos juguetes, trompos y pelotas que giren y giren y giren como este cerillo en el aire.

Nota: Esta entrevista se publicó en versión impresa a finales del 2019. Ahora Édgar Omar tiene un nuevo libro, titulado No respiramos: inflamos fantasmas (Resistencia, 2020).

Aquí puedes descargar el PDF de la entrevista.

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